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Vivir con Endometriosis

-ENDOMETRIOSIS-

Un día cualquiera… con endometriosis

Suena el despertador, hora y media o dos horas antes de lo que tienes que salir de casa porque ya sabes que necesitas bastante más de tiempo para prepararte. Abres los ojos e intentas levantarte de la mejor manera que puedes, ya que el dolor también se ha despertado y con él, la diarrea matutina y las lágrimas en el cuarto de baño. A pesar de la sensación tan desagradable que supone empezar el día así, intentas vestirte con tu mejor sonrisa y ánimo y salir a la calle. Hoy tampoco tienes suerte, no puedes sentarte en el autobús y poco a poco vas notando cómo la pierna se va debilitando. Son las ocho de la mañana y entras a clase o al trabajo dolorida y cansada, pero vuelves a intentar coger fuerzas porque el día no ha hecho más que empezar.

Imagen de la Campaña #YaNoSomosInvisibles de ADAEC Estatal

Después de ocho horas y de una docena de viajes al baño, de levantarte treinta veces porque te duele todo, de comer corriendo porque solo tienes media hora de descanso, sales del trabajo con el único pensamiento de irte directamente a dormir. Pero una vez más, te armas de valor y vas a ver a tu amiga, a la que echas de menos porque hace mucho que no la ves, ya que la enfermedad no te ha dado tregua últimamente. Le vuelves a responder por enésima vez que sí, que realmente te duele mucho y que no puedes llevar la vida que habías llevado hasta ahora, esa a la que todos estaban acostumbrados; y que no, «no es que no quiera, es que no puedo».

Luego llegas a casa, terriblemente agotada física y mentalmente, sintiendo que has perdido una amistad más (vaya, la lista empieza a ser larga), pero intentas sonreír porque tu pareja te espera en casa y no estáis pasando por una buena época, en la última operación te hicieron una histerectomía y ya no puedes tener hijos.

Cuando llega, por fin, el final de día y te vas a la cama, te acuestas pensando que ojalá todo sea diferente cuando vuelvas a abrir los ojos porque no has luchado tanto para recibir esto. Sabes que la vida es algo más que dolor porque ya lo has vivido, pero empieza a quedar tan atrás que a veces se te olvida que tenemos una vida esperándonos. Al final, cierras los ojos pensando en tus sueños, aquellos que la endometriosis jamás te podrá quitar, mañana será otro día.

Pero… hay vida más allá de la endometriosis

Vivir con una enfermedad crónica ginecológica no es una tarea fácil, y menos cuando no se considera que pueda impedirte realizar tus tareas diarias. Lo más común es que nos manden tratamientos para el dolor físico, pero existe un dolor que todas las mujeres que sufrimos endometriosis llevamos en el alma, en el corazón. Nos lo provoca la incomprensión médica y social cuando nos llaman locas, cuando dudan de nuestro sufrimiento. Nos lo provoca lo duro que es aceptar que no puedes vivir como lo hacías hasta ahora y ver cómo muchos de tus sueños se van por la taza del retrete en una de tus diarreas. Desgraciadamente, la solución más fácil es mandarnos antidepresivos, pero hay vida más allá de las pastillas.

Vivimos en el siglo XXI, una época marcada por el consumismo y por tener cualquier cosa aquí y ahora; una época en la que términos como «educación emocional» o «meditación» se consideran casi sacrilegios propios de brujería. Sin embargo, es esencial para todo ser humano el hecho de saber qué hacer con las emociones, y más cuando se habla en términos de una enfermedad crónica, ya que el terremoto de sentimientos puede llegar a causar depresión fácilmente. Los ejercicios de relajación y de respiración son tremendamente eficaces para sobrellevar el estrés, uno de nuestros peores enemigos: puede causar un empeoramiento de los síntomas rápidamente.

Uno de los sentimientos más comunes entre las mujeres con endometriosis es la ansiedad causada, sobre todo, por aquello que queremos pero no podemos hacer. La acupuntura o el yoga, por ejemplo, pueden ayudar a reducir los niveles de ansiedad, pero siempre acudiendo a profesionales que te puedan guiar y aconsejar correctamente, por lo que es esencial que conozcan bien la endometriosis.

Otra terapia de la que no se suele hablar en las consultas médicas es la fisioterapia de suelo pélvico. Estos profesionales pueden evitar, en muchas ocasiones, segundas y terceras operaciones causadas por las adherencias postoperatorias. A pesar de que, obviamente, no pueden curar la endometriosis, sí pueden ahorrarnos muchos de los dolores causados por las consecuencias de la enfermedad en otros órganos, nervios o tejidos, así como mejorar, incluso, el deseo sexual. 

Hay muchas terapias (tradicionales o no) que pueden ayudarnos a aliviar algunos de los síntomas de la endometriosis, pero más allá de todo eso y que muchas veces se nos olvida, es tener gente a tu alrededor que comprenda tu situación, seguir sonriendo y luchando por tus sueños; es amarte tal y como eres porque ya eres maravillosa.